
La semana pasada, el Gobierno lanzó una campaña denominada No Seamos Cómplices, en la que aparecen frases como ‘si vas a visitar a tus abuelos, pregúntales dónde quieren que pongas sus cenizas’. Aquella propaganda, lejos de buscar concientizar a la población e informarla sobre las medidas que deben tomar (uso de mascarilla, lavado de manos, distancia social), busca infundir miedo y culpa a los ciudadanos para justificar las medidas poco acertadas que ha tomado el gobierno desde que se inició la pandemia. Sin embargo, a pesar de ello, ha sido apoyada por diversas personas que asumen que el aumento de contagios se debe únicamente a irresponsables, y que creen que la única forma de generar conciencia en las personas es mediante miedo y culpa.
Es decir, se asume que los únicos culpables son los ciudadanos, que el Perú es el único país donde hay quienes organizan fiestas y no usan barbijo, y aquello, lamentablemente, ha sido fomentado también por reporteros cuyo único deber era encarar a peatones y mostrarlos a nivel nacional como irresponsables. Pero lo cierto es que en todos los países hay irresponsables; incluso, en Alemania, el 2 de agosto, asistieron más de veinte mil personas a una marcha anticuarentena, y, aun así, Alemania tiene menos de la mitad de contagios de los que tiene el Perú.
Por ello, ninguna campaña debería enfocarse en trasladar la culpa a los ciudadanos, sino a informarles las medidas que deben adoptar para ejercer su libertad con responsabilidad. Porque si se quiere buscar “cómplices”, solo se necesita recordar a quienes negaron la ayuda del sector privado, bloquearon donaciones de plantas de oxígeno, utilizaron pruebas rápidas en vez de moleculares… Y, a pesar de ello, se premió a uno nombrándolo embajador del Perú ante la OEA, sin tener ningún mérito.



