//Permíteme soñar: Alianza Lima empató en el Morumbi y ratificó la mística de lo impensado.

Permíteme soñar: Alianza Lima empató en el Morumbi y ratificó la mística de lo impensado.

¿Cuántas veces han repetido la ‘chalaca’ de Kevin Quevedo del minuto 76? Estimados lectores, íntimos de corazón, lo que sucedió la noche del último jueves fue ir en contra de toda lógica. No solo fue un empate de Alianza Lima sin toda su defensa titular ante Sao Paulo en el Morumbi, sino que nos confirmó una vez más que este equipo está hecho para hitos impensados.

Aquel sentimiento de hazaña ya se había vivido en La Bombonera el último febrero, pero luego, tras el tropiezo ante Libertad en casa en la primera fecha, parecía que la fase de grupos nos aterrizaba a la triste realidad de siempre: no se va a poder. Es por eso que la noche de Sao Paulo va más allá del resultado, tiene que ver con el convencimiento pleno de que el equipo de Néstor Gorosito tiene una mística peculiar que no se sentía hace mucho y que permite soñar.

A diferencia de otros años, en los que la fe no venía respaldada de ningún argumento futbolístico, esta vez el equipo del ‘Pipo’ a nivel internacional tiene una idea de juego clara, que puede resultar a veces o no, pero se mantiene. Ir siempre hacia adelante es la consigna así sea perdiendo 2-0 ante Sao Paulo en el mismo Morumbi. Alguna vez tocará pagarla caro, seguramente, pero esa actitud es innegociable y en el vestuario, a puertas cerradas, es de lo que más se habla.

Y aunque sabemos que resulta difícil celebrar empate porque el aliancista no está acostumbrado a eso, hubo muchos condimentos esa noche en el Morumbi que hicieron todo más emotivo. ¿Se imaginaron terminar jugando con cinco canteranos: uno de 17, dos de 19 y otro de 20 años? Si bien es cierto que el contexto de las ‘bajas’ no daba otra chance, sospecho que así tuvo que suceder para hacer todo más memorable y sabernos un equipo que se vale de todos, más allá de los titulares.

Ahora el gran reto será ante Talleres en Matute, el rival directo pensando en, al menos, alcanzar clasificar a Copa Sudamericana. Esta vez existe el pálpito de que, por fin y luego de muchos años, competir a nivel internacional no debe generar miedo, sino la ilusión enorme de poder hacer historia partido a partido. Ya van dos.