
Ni frecuentes ni fructíferos, durante lo que va del siglo, los encuentros entre líderes partidarios, o representantes de poderes del Estado, enfrentados en dinámicas de oficialismo y oposición, jamás lograron pasar del cromo para el álbum político del momento a la concreción de acuerdos que hayan supuesto algún beneficio real para el país.
Cabe esperar entonces que detrás de las eventuales imágenes del presidente de la República, Martín Vizcarra, dándose la mano o posando hombro a hombro con el presidente del Congreso, Pedro Olaechea, quede algún cronograma de trabajo conjunto que, cumplido y sostenido por ambos poderes, llegue a dar resultados en plazos razonables.
Esto, desde luego, muy aparte del tema central que los convoca, el adelanto de elecciones generales y, seguramente, lo que ha quedado pendiente del plan de reforma política propuesta por el jefe de Estado y que la mayoría parlamentaria torpedeó a más no poder.
Ayer, en las horas previas a su participación en una reunión en Palacio sobre la reforma judicial, Olaechea compartió una misiva que mandó al presidente, en la que le planteaba tres temas adicionales a discutir cuando se reúnan.
Todos más o menos obvios, pero no por ello desdeñables. Si no se trata de un simple pantallazo, como aquellos a los que el fujimorismo suele recurrir para “mecer” a sus adversarios y, de paso, a la opinión pública, pues convendría saber cómo es que el Congreso podría ayudar a avanzar hacia esos objetivos medulares, a saber: combatir el desempleo creciente, mejorar la seguridad tanto para la ciudadanía como para las inversiones mineras (mención especial a los disturbios y ataques a policías en Arequipa) y desatascar el proyecto de reconstrucción del norte.Como agenda no está nada mal.
Hasta el momento es público y notorio que la mayoría parlamentaria ha estado enfocada en bloquear o minar cuanta iniciativa presidencial se presentase, ya desde tiempos de Pedro Pablo Kuczynski, que es quien llevó a Olaechea al Congreso, no lo olvidemos. Acudir a Palacio con la voluntad de trabajar conjuntamente, desde el Ejecutivo y el Legislativo, un puñado de propuestas en positivo –de ser verdadera, repetimos– sería un hito en el derrotero de Fuerza Popular y, a no dudarlo, una oferta irrechazable que el Perú recibiría con beneplácito.










