
El mexicano Adrián González, a bordo de una bicicleta a mano, quiere llegar a la Patagonia, pero antes se propuso conocer la maravilla mundial, Machu Picchu (Cusco). Hace nueve meses, el atleta paraciclista, Adrián González inició una admirable travesía. Recorre América a bordo de un vehículo adaptado a su condición física.
Empezó desde su natal México y pretende llegar «rodando» hasta Ushuaia, en la Patagonia (Argentina). «El Morro», como es conocido, tiene dos meses en el Perú. Recorrió Trujillo, Lima y su próximo paradero son las alturas de Machupicchu. Solicitó el apoyo de las instituciones involucradas.
«Se me está acabando el tiempo de estadía en el país, queda un mes, me gustaría llegar a Machu Picchu. Lo he visto en documentales. Los incas se parecen mucho a las culturas que tenemos en México (…) Quizá una institución podría promocionar la inclusión y deslizar una ruta para personas y deportistas con discapacidad»,
dijo a La República.
«Si hay algo que sufrimos las personas con discapacidad es que en muchos lugares no tenemos accesos adecuados para transitar», señala.
A rodar la vida
Adrián tiene 41 años de edad. A los 25 sufrió un grave accidente que lo dejó en silla de ruedas y al mismo tiempo lo volvió más comprometido consigo mismo. «Me caí de un sexto piso, andaba medio borracho, pero es parte de la vida aprender de los errores.
De ahí se me metió la idea de rodar por México y luego por América», contó el deportista «El Morro«, con una bicicleta a mano a la que bautizó con el nombre de Ushuaia, recorrió Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y Colombia.
En el país cafetero tuvo una mala experiencia donde le robaron algunas pertenencias. «Es parte de la aventura», justificó.
De Cusco partirá hacia Ica a conocer las líneas de Nasca, luego enrumbará a Chile y Argentina hasta Ushuaia (de allí el nombre de su vehículo) en la Patagonia, donde acaba el continente americano. «Quiero ser el primer mexi-
cano con discapacidad en llegar a este lugar», agregó.
El explorador planifica a diario su recorrido, a veces le cae la noche en plena carretera y no tiene otra alternativa que acampar, algunas veces va acompañado de ciclistas y deportistas que realizan la misma travesía y es acogido por las Casas de Ciclistas que existen en todo lugar.
«Rodamos entre 30 a 80 kilómetros, dependiendo de cómo están las vías , subidas y bajadas, a una determinada hora calculo, pregunto dónde puedo alojarme. Me quedé en lugares solito, pero ni modo», contó.
Un número de contacto para ayudarlo es el 984 240241, preguntar por Margoth, de la casadel ciclista de Cusco.



