//Defensa cerrada

Defensa cerrada

Comienzan a aparecer fisuras –que se agrandan con el paso de las horas– en la versión oficial de los luctuosos sucesos de la semana pasada en Los Olivos. El video que salió a la luz el domingo último muestra claramente que la puerta de la discoteca estaba cerrada y custodiada por un efectivo de la PNP cuando la gente empezó a querer salir del local. Como se puede apreciar en las imágenes propaladas, el flujo de individuos no tardó en convertirse en una aglomeración desordenada y luego ya en mortal turbamulta.

Declaraciones de autoridades y testimonios de participantes en el operativo dieron una versión en la que si bien la puerta –que se abría solo hacia el interior– estuvo abierta cuando los agentes de la ley se presentaron, esta terminó cerrándose debido al empuje y amontonamiento de los asistentes al baile. Todos ellos, desde luego, pugnando por escapar a través de la estrecha escalera que conducía a la calle. No obstante, las imágenes salidas a la luz este domingo, provenientes de la cámara de la discoteca, contradicen por completo los informes policiales.

El argumento ulterior de que en ese video no se ve bien si el portón de marras estuvo “junto”, “entreabierto” o “sin cerrojo” –que es la explicación que se ha querido dar– no abona demasiado que digamos en favor de los encargados de la intervención, ya que resulta igualmente gravoso e imprudente haberla mantenido así, pues, como se ha dicho, este se abría hacia dentro.

Lo cierto es que más allá de precisiones semánticas, no solo el ministro del Interior debe dar explicaciones al país sobre lo ocurrido; también lo debe hacer la jefatura de la PNP, que hasta el momento se ha limitado a defender –con perdón de la palabra– “cerradamente” la narrativa del oficial encargado del operativo.

Es cierto que esos 13 muertos son responsabilidad principalmente de los organizadores del fiestón, así como de los propietarios del “restobar”, amén de la tremenda necedad de quienes asistieron a la fiesta, pero si los custodios del orden que justificadamente intervinieron el evento manejaron mal la situación, deben asumir, asimismo, lo que les corresponde de la culpa y las consecuencias.

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